miércoles, 6 de julio de 2011

LA CIUDAD DE JACA VISTA EN LOS DÍAS 26 AL 30 DE JUNIO 2011

FUERTE DE RASPITAN:
El Fuerte de Rapitán es un fuerte fusilero del siglo XIX situado en la ciudad española de Jaca (Aragón). Alzado sobre una colina en la vertiente norte de la ciudad, es una obra de carácter fundamentalmente defensivo.
 Su ubicación en la entrada del valle del río Aragón le ha conferido una importancia estratégica decisiva en la defensa fronteriza del estado.
HISTORIA
En 1884 comenzaron las obras de desmonte y explanación del futuro castillo en el monte de Rapitán, que desde 1675 había sido dedicado por el concejo a pasto.

 En 1886 se había concluido el camino de acceso a la cima y en 1890 llegarían desde la fundición de Trubia once cañones para ser emplazados en el futuro castillo.

 La obra, iniciada a la par que el Fuerte de Coll de Ladrones en Canfranc y Santa Elena en Biescas, supuso un coste para el estado de seis millones de pesetas, trabajando en las obras doscientos cincuenta jornaleros y numerosos canteros.

 Dentro de la historia contemporánea, hay que registrar los trágicos episodios acaecidos en los primeros días de la Guerra Civil, cuando delante de sus muros cayeron fusilados decenas de republicanos.

USO ACTUAL
Actualmente, el Fuerte de Rapitán se ha convertido en el salón de la ciudad, lugar donde se reciben y acogen a los más ilustres visitantes. Asimismo, en los últimos años la antigua fortaleza ha sido integrada como escenario dentro de la programación cultural del ayuntamiento


Cabe señalar las actuaciones que allí han tenido lugar en varias ediciones del ciclo de música gospel «Mirando las Estrellas», así como la instalación dentro de sus muros de diversas exposiciones.

 Por el contrario, el Fuerte de Rapitán ha dejado de acoger el Museo de Miniaturas Militares, el cual ha sido trasladado a la Ciudadela de Jaca

CASTILLO DE SAN PEDRO  "LA CIUDADELA"  JACA:
La ciudadela de Jaca es una fortificación de planta pentagonal, construida a finales del siglo XVI (las obras se inician en 1592), que conserva todas y cada una de sus partes características: foso, baluartes, escarpas, cuarteles, polvorines, túneles, etc. además de una hermosa entrada a la que se accede mediante un puente levadizo.

Su construcción fue encomendada a Tiburzio Spannocchi, ingeniero de origen italiano al servicio de Felipe II, dentro de un programa de defensa de la frontera aragonesa con Francia, cuyo punto principal sería precisamente este castillo. Para la construcción se eligió un terreno extramuros conocido como El Burnao.

El modelo para el Castillo de San Pedro corresponde ya a los nuevos esquemas de arquitectura militar derivados del uso de la artillería, en la que predominaban los muros más bajos y gruesos, con taludes y emplazamientos específicos para cañones y otras bocas de fuego. A mediados del siglo XVII la obra ya estaba completada, pues entre 1635 y 1659 —periodo de guerras con Francia—, Jaca poseía un enorme valor estratégico.

 Desde su construcción la fortaleza ha mantenido siempre guarnición militar dentro de sus muros. Sin embargo, las vicisitudes bélicas que lo acompañan son escasas, siendo la más destacada la ocurrida durante la guerra de la Independencia.

El 21 de marzo de 1809 era tomada por las tropas francesas ante la capitulación de la ciudad y el escasísimo número de tropas que la defendian. Los soldados españoles, al mando del General Espoz y Mina, recuperaron el Castillo tras varios meses de asedio el 17 de febrero de 1814. A partir de entonces, el castillo va perdiendo importancia militar. Sus muros y edificios fueron magníficamente restaurados en 1968, siendo merecedores del premio.

Entrada y puente  Elevadizo
La única entrada al castillo presenta en su exterior una «plaza de armas» con muros defensivos aspillerados que custodiaban dos puertas ue precedían al puente, hoy ya desaparecidas.

 Desde aquí se accede a un puente fijo, que salva parte del espacio del foso, y al puente levadizo que se manejaba desde el interior mediante contrapesos y cadenas.

 Sobre la puerta se alza el escudo en piedra de la Casa de Austria y sobre la entrada, una espadaña sujeta una campana que se usaba como medio de comunicación con las tropas.

En el túnel de arco de medio punto inmediatamente posterior, se encuentra un cuerpo de guardia defensivo, hoy ambientado con armas y uniformes del siglo XVII.

Casamatas
Por cada uno de los baluartes del castillo se construyeron 2 casamatas. La función principal de éstas era el asentamiento de las piezas de artillería y puestos de tirador que debían defender los muros contiguos a ellos y el muro lateral del baluarte siguiente.

 Esto permitía una total defensa y vigilancia de todos y cada uno de los muros del castillo y sus proximidades, como el foso y los glacis que lo rodean. Pueden contemplarse aún las hornacinas donde se apilaban las municiones y pólvora de uso inmediato

Baluartes y foso.
La aparición del baluarte en las fortificaciones del Renacimiento ya en el siglo XVI obedece a la necesidad de adelantar las defensas y los asentamientos de artillería para la protección de cada uno de los muros del propio castillo y el correcto y eficaz alcance de los disparos al exterior del mismo, contrarrestando la evidente disminución de altura con respecto a los altos muros de los castillos medievales, que se demostraron ineficaces ante las nuevas piezas de artillería de mayor alcance y mayor efecto destructivo.

Cinco son los baluartes de esta fortificación pentagonal, recibiendo cada uno de ellos los siguientes nombres: Santa Bárbara, España, San Francisco, Santa Orosia y San Pedro.

Polvorines       
Los polvorines formaban una parte importante de las instalaciones que debían contener todo lo necesario para resistir un largo asedio de fuerzas enemigas: agua, alimentos, armas, municiones y pólvora. En este caso están construidos al abrigo de los disparos del enemigo, en la pared norte del castillo, entre la muralla principal y los cuarteles en una plaza de particular encanto.

Su interior está revestido con un tipo de piedra especialmente poroso que absorbe la humedad y mantiene una temperatura estable para la correcta conservación de la pólvora; una cámara de ventilación trasera facilita esta función y eventualmente previene la destrucción del muro exterior en caso de explosión accidental

Foso
Varias son las defensas exteriores del castillo: el foso, la contraescarpa, un camino cubierto, las plazas de armas y el glacis. Todas ellas debían poner impedimento y dificultad de avance a los soldados enemigos que intentasen asaltarlo.

El foso de este castillo, que lo rodea en su totalidad, cuenta con un recorrido de 1.060 m y nunca ha contenido agua. El acceso al mismo desde el interior de la fortificación se hace a través de tres poternas, una de ellas destinada al acceso de jinetes a caballo; fueron construidas con la finalidad de que los defensores pudiesen despejar el foso de tropas enemigas en caso de necesidad.

 Actualmente los moradores del foso son los ciervos que, magníficamente adaptados, hacen las delicias del público que pasea por los verdes glacis de la Ciudadela

El patio de armas     
En torno a él se disponen los distintos cuarteles o edificios (originalmente se encontraban separados entre sí para evitar la propagación de eventuales incendios) y era el punto de encuentro de las tropas y el escenario ideal donde se realizan todo tipo de ceremonias y eventos de carácter militar y civil.

 Siendo originalmente un piso de tierra, fue empedrado en la restauración que tuvo lugar en 1968, año en el que se decidió colocar en el centro geométrico de la fortificación la escultura del Felipe II, rey que mandó construirla. La talla fue realizada por el escultor Ramón Casadevall durante el cumplimiento de su servicio militar.

Iglesia
Obra realizada ya durante el siglo XVII, presenta una portada de estilo barroco con frontón partido con una escultura de San Pedro (bajo cuya advocación se construyó la Iglesia) y columnas salomónicas.

  En su interior destaca la pila bautismal de estilo románico, que posiblemente perteneciera a la iglesia de Santa Maria del Burnao, el sepulcro del Maestre de Campo Juan de Velasco que lo fue del Castillo hasta 1597, y el retablo del altar mayor también de estilo barroco, que presenta un lienzo con la imagen de la Inmaculada (patrona del arma de Infantería) realizada en 1985

Museo de Miniaturas Militares
El castillo alberga en uno de sus cuarteles el Museo de Miniaturas Militares. Con una colección de más de 32.000 figuras de soldados de plomo, nos enseña en cada uno de sus 23 escenarios, dispuestos de forma cronológica y serpenteante, la evolución de las armas, los uniformes, las tácticas de combate, la historia los conflictos armados desde la época de los faraones hasta los albores del siglo XXI y sobre todo el camino hacia la Paz.
CATEDRAL DE JACA:

La Catedral de San Pedro de Jaca (provincia de Huesca, Aragón), es una de las construcciones más características y antiguas del románico en España. Comenzó a construirse casi al tiempo que la de Santiago de Compostela en el último cuarto del siglo XI como sede episcopal y cabeza del Reino de Aragón por iniciativa del rey Sancho Ramírez que había obtenido el vasallaje vaticano tras su viaje a Roma en 1068, a resultas del cual le fue concedida la sede
episcvopal
 
La ciudad de Jaca recibe fueros de ciudad, por el rey Sancho Ramírez de Aragón, en 1077, ostentando la capitalidad del reino entre este año y 1096 y convirtiéndose en sede diocesana, lo que hace necesaria la construcción de una catedral. Si bien las fechas de la construcción no están claras, se pueden distinguir en ella dos etapas. Una primera, podría estar situada entre 1077 y 1082 y una segunda entre 1104 y 1130.
En la década de los años 20 del siglo, y las portadas de las nuevas capillas de San Sebastián, San Agustín XVI se incluyen algunos añadidos, como las bóvedas de las naves laterales, del gótico tardío, Anunciación y Santa Ana. Posteriormente, ya en el Renacimiento, se añaden las capillas de San Miguel y de la Trinidad, ambas de 1572. En 1598 se construye la bóveda de la nave central y se abren ventanales en ella.

En el siglo XVII se termina la construcción del retablo y se emprende la reconstrucción del claustro, que es sustituido por el actual barroco, terminado a finales de dicho siglo. En este mismo periodo se construye la capilla de Santa Orosia, principal elemento barroco del templo. También a finales del XVII se sustituye el ábside románico y se erige 
uno nuevo, decorado con pinturas de Manuel de Bayeu, cuñado de Francisco de Goya, entre 1792 y 1793.
En la fachada oeste de la catedral encontramos el atrio y la portada, cuyo arco de mayor radio, semicircular, enlaza con la nave central, de bóveda de cañón, del interior del templo. En el tímpano de esta fachada, la principal de la catedral, se halla una pieza excepcional: el crismón, símbolo de la monarquía aragonesa y con un claro carácter trinitario y penitente.

En la fachada sur encontramos otro pórtico, realizado en el siglo XVI con piezas de otras partes del edificio, destacando los capiteles realizados por el maestro de Jaca. En cuanto a los ábsides, solo se conserva del románico el que da al sur, ya que los central  y norte, como ya ha sido comentado, fueron modificados en el siglo XVIII. En este ábside se puede apreciar la organización tripartita del muro tanto horizontalmente como en vertical, característica propia del románico jaqués extendida por otras construcciones del Camino de Santiago. En la parte superior del edificio se halla una espadaña donde esta el cuerpo de campanas de la Catedral, pieza que fue añadida en el siglo XVI.
El interior
La planta del templo es basilical de tres naves, de las que la central es más ancha y alta que las laterales, permitiendo de este modo abrir óculos en el muro de la nave central y por encima de las laterales para iluminar su interior. Un elemento destacable de su interior es la alternancia de soportes   circulares y  cruciforme. Las naves se prolongan hasta los tres ábsides semicirculares. De mayor profundidad el central, debido a la reforma llevada a cabo en el siglo XVIII, lo que permitió que se colocase allí el órgano. La zona del crucero se cubre con una singular bóveda semiesférica de planta octogonal sobre trompas. El interior de esta original cubierta está reforzado con nervaduras formadas

por grandes arcos de medio punto que apean en el centro de cada uno de los lados de la base octogonal en sendos modillones de rollos de carácter mozárabe. En época barroca se abrió la capilla de Santa Orosia (patrona de la ciudad), decorada con llamativas pinturas mostrando su vida, martirio y encuentro de su cuerpo. Cabe destacar el claustro adosado al muro norte de la catedral, que forma parte del museo diocesano de Jaca, uno de los más destacados de España de pintura románica; en él se aprecian pinturas románicas del ámbito jaqués que se encontraban en iglesias como Navasa, Ruesta o Bagües. La catedral de Jaca, además de ser referencia por su arquitectura, lo es en cuanto a su rica y variada decoración escultórica en capiteles, ménsulas, metopas, muros y basas.

Los capiteles, ménsulas y metopas reciben decoración figurada con escenas de la Biblia o incluso algunas fantásticas o de la vida cotidiana de gran calidad procedentes de al menos dos manos diferentes, mientras que en los muros o basas es más bien geométrica, bolas situadas en las basas o el conocido ajedrezado jaqués que decora gran parte del edificio. Estos dos elementos originarios del arte románico jaqués se pueden apreciar a lo largo del Camino de Santiago, lo que muestra la influencia que ejerció a lo largo de esta ruta de peregrinación.
LA CIUDAD DE JACA VISTA DESDE EL FUERTE DE RASPITÁN, 28 DE JUNIO DE 2011
Jaca  es un municipio de la provincia de Huesca, en la Comunidad Autónoma de Aragón, España.
En la puerta lateral de la catedral se encuentra tallado el patrón de una unidad de medida denominada vara jaquesa (medida de la época medieval equivalente a 77 cm). Esta unidad se utilizaba durante la Edad Media en el mercado ubicado en la plaza de la catedral para medir longitudes, y dicha unidad métrica fue usada en todo Aragón

Jaca es la capital de la comarca de La Jacetania. A unos 75 kilómetros de Huesca. Está situada al norte de la provincia, en el Valle del Aragón,en una depresión denominada La Canal de Berdún, a 818 metros de altitud, a la sombra de la Peña Oroel, en el Pirineo central, lo que la convierte en uno de los mejores lugares para practicar los deportes de invierno en España

Historia
Aunque sus orígenes son inciertos y escasea la documentación, se considera que fue fundada en el primer milenio antes de Cristo por un pueblo íbero: los jacetanos o iacetanos. El historiador griego Estrabón los citaba en el siglo I como uno de los pueblos importantes del norte de la Península.

 Esta tribu llegó a ocupar un extenso reino que iba desde los Pirineos hasta Huesca y Lérida y cuya capital estaba en Jaca (Iacca). Se dedicaban al pastoreo, llevando a cabo las mujeres una agricultura complementaria, y eran de carácter violento, resolviendo cualquier disputa económica con los puños
La presencia de esta rama de los íberos en Jaca se constata con los restos de cerámica íbera y las hojas de espadas de hierro del siglo II a. C. que se han hallado en varias excavaciones arqueológicas.
Hay otra hipótesis, menos plausible, que postuló en el siglo XVI el cronista imperial Florián de Ocampo (y que decía haber explicado Alonso de Nebrija) que decía que Jaca fue fundada por el capitán griego Dionisio Baco (cuyo sobrenombre era Yaco) en el año 1325 a. C.
En el año 195 a. C., el cónsul romano Marco Poncio Catón inicia la conquista de la ciudad que terminará en primavera de 194 a. C. gracias a una trampa que las tropas romanas tienden a las iacetanas. Consistía en enfrentarlos a sus enemigos naturales, los suessetanos, establecidos en las actuales Cinco Villas, que sitiaron Iaca (Jaca).
 Los iacetanos salieron confiados a aplastar a sus enemigos y, una vez en campo abierto, fueron atacados por las legiones romanas que se encontraban ocultas en los bosques, que, además, les impedían volver a la fortaleza. Una vez hubieron acabado con ellos, asaltaron la ciudad, la cual, ocupada solamente por mujeres y niños, era una presa fácil.
Integrada en el Imperio romano, constituyó un punto de vigilancia de los caminos del Pirineo y desarrolló una próspera economía cuyo auge se mantuvo hasta el siglo III. En el siglo IV entró en decadencia por la amenaza de los bandidos que atacaban a las caravanas y a los mercaderes que transitaban los caminos pirenaicos.
Tras la caída del Imperio romano, los godos invadieron la península y Jaca pasó a ser conocida como Apriz.
En las montañas de Jaca se salvaron muchos cristianos cuando la invasión de los árabes y aquellos fugitivos fueron el núcleo del reino de Aragón.
 Aznar, el primer conde de Aragón, en el año 780, ganó a los moros la ciudad de Jaca, la fortificó y la defendió en el 795. El conde Galindo hijo y sucesor de Aznar dio fuero y privilegios a la ciudad.
Ramiro I de Aragón estableció en la ciudad sede episcopal con la autoridad del papa Nicolás II, en el 1064. Las pestes y los incendios de finales de la Edad Media hunden a Jaca en una crisis de la que no saldrá hasta la intervención de Fernando el Católico para formar un gobierno local.
 La burguesía se favorece con esta situación y muchos se convierten en mecenas de artistas cuyo resultado se puede apreciar especialmente en la catedral.
Jaca se comienza a consolidar como plaza militar desde la que defender los reinos peninsulares de una hipotética invasión francesa. A este respecto, Felipe II ordenó la construcción de varias fortalezas a lo largo de todo el Pirineo entre las que destaca la Ciudadela de Jaca.
Durante la Guerra de la Independencia, Jaca se rindió a los franceses el 21 de marzo de 1809 a causa de la deserción que fomentó en secreto el misionero Fr. José de la
Consolación, que gozaba de influencia, quedando dentro de la plaza muy pocos soldados a las órdenes del teniente rey don Fancisco Campos que hacia de gobernador y se vio obligado por ello a capitular. El general Mina la recuperó en febrero de 1814.
Durante las Guerras Carlistas, fueron denunciados en 1839 varios soldados de la guarnición de Jaca por vender armas a los revolucionarios.
Diciembre de 1930. Fermín Galán Rodríguez, junto con los capitanes Ángel García Hernández y otros, protagonizó la Sublevación de Jaca, pronunciamiento militar que pretendía instaurar la República en España. El golpe fracasó y los dos cabecillas mencionados fueron fusilados el 12 de diciembre.
Entre otros festejos tradicionales, anualmente se celebra la Fiesta del Primer Viernes de Mayo, que conmemora la batalla que se desarrolló aproximadamente en el año 760, a las afueras de Jaca.
Básicamente es una fiesta que celebra la victoria del Conde Aznar sobre un ejército de musulmanes que pretendía conquistar la ciudad de Jaca.
Jaca está hermanada con la ciudad valenciana de Elche, con la que mantiene una importante relación de cooperación.  En Jaca se suele decir que cada uno de sus habitantes lleva un ilicitano y una palmera en su interior. Sin embargo, es con la ciudad francesa de Oloron-Sainte-Marie con la que más relaciones ha establecido a lo largo de la historia, esta localidad se encuentra al otro lado de los Pirineos.

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